post2 12p 

La piel

Los placeres y los días

FRANCISCO UMBRAL
Publicado en el Periódico El Mundo España el 15 de noviembre de 1996

Anda por ahí una campaña ecologista que dice «Dele la espalda a las pieles». Y aparecen unos señoritos y señoritas con la piel muy bien puesta, toda la piel fuera, doradas pieles africanas y pálidas pieles nórdicas. Curzio Malaparte tituló La pelle su mejor novela. Ya Miguel Delibes hizo un libro donde sale una señorita que tiene «cutis», porque nadie más que ella en el pueblo tenía cutis y eso resultaba muy aristocrático. Los demás y las demás tenían así como pellejo.

El señor Sacher-Masoch se inventó La Venus de las Pieles, pero el mayor lujo de aquella venus era su propia piel. La verdad es que las pieles, visonazos, armiños y otros bichos, se los quitaba en seguida. La naturaleza y la evolución nos han ido desnudando de nuestras sucesivas pieles animales, hasta dejarnos en esta piel lisa y fina, que es algo así como el alma por fuera, pero los peleteros, los cazadores o asesinos de leopardos y la gran industria de la moda se obstinan en vestir a nuestras mujeres con la carísima piel de sus víctimas, que encima no les sienta. Pruebe usted a sacar a su chica con abrigo de piel o solamente con su propia piel natural de ella, morena o rubia, y verá cómo en Callao tiene mucho más éxito de público y crítica la piel nenuco que Dios le ha dado a la señorita. Nuestra piel es gratis, y quizá por eso no le concedemos el valor que tiene.

La gente invierte un pastón en pieles de pobres animales mártires, rehenes de la codicia mercantil, de los peleteros y las Cámaras de Comercio, mas esto es pura vaniloquia humana, pues una señorita, en cuanto está en la intimidad, o en Ibiza, aprovecha para enseñarnos su piel, eso que los paletos de Delibes llamaban «cutis».

Yo prefiero una mujer en cutis a una mujer en armiño, porque me sigue pareciendo un crimen ruandés que se maten ingenuos y poderosos animales, tan necesarios y tan verdaderos, sólo por amueblar los grandes escaparates de la Gran Vía y la Quinta Avenida. La caza de animales, de la foca a la nutria, es el crimen organizado al servicio de la vanidad y la vanidad organizada al servicio del dinero. Somos animales paradójicos. Nos ha costado un millón de años despojarnos de nuestras pieles salvajes y ahora pagamos muchos millones por volver al salvajismo, a la piel de la selva. Tenemos cutis (no sé si lo del culo también se llama cutis) que no lo tienen ni las flores, pero como somos unos criminales vanidosos, unos mercaderes presuntuosos, unos nuevos ricos de lo viejo, tapamos a nuestras mujeres con pieles silvestres, cuando lo que estamos deseando es desnudarlas. Me gusta, como todo lo ecologista, esta nueva cultura del cutis y esta campaña contra quienes desnudan a un santo para vestir a otro. Desnudan a una pantera para vestir a una concejala.

«Lo más profundo es la piel», dijo alguien. Una señorita desnuda está como vuelta del revés. El desnudo es lo que más abriga. Dijo Octavio de Romeu que, de las dos Majas de Goya, la obscena es la que está vestida. Vestirse un abrigo de visón, armiño, nutria o leopardo, que todavía huele a la sangre inocente de la bestia, es hortera y primitivo. Los prehistóricos también roneaban mucho con una piel de cordero. Seguimos en la prehistoria, sólo que ahora al cordero lo llamamos mouton. Encima cursis.

Share This

Visit betroll the best bookies